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jueves, 21 de octubre de 2021

Síntesis de la Historia Argentina (Segunda parte)

Síntesis de la Historia Argentina (Siglo XVI al Siglo XX)

Década infame (1930-1943)
El 6 de septiembre de 1930 los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo encabezaron un golpe de estado, apoyado por grupos políticos conservadores, y expulsaron del gobierno a Yrigoyen, inaugurando un período en el que volvió el fraude electoral y la exclusión política de las mayorías. En 1933 se firmó el Pacto Roca-Runciman con Inglaterra, que aumentó enormemente la dependencia Argentina con ese país. Se sucedieron los gobiernos conservadores (el general Uriburu, entre 1930 y 1932; el general Justo, entre 1932 y 38; Roberto Ortiz, entre 1938 y 1942, y Ramón Castillo, entre 1942 y 1943), que se desentendieron de los padecimientos de los sectores populares y beneficiaron con sus políticas a los grupos y familias más poderosas del país.

Ascenso y auge del peronismo (1943-1955)

En 1943 un grupo de militares nacionalistas dio un golpe de estado y derrocó al presidente Castillo. Dentro de este grupo se destacó el coronel Juan Domingo Perón, quien, desde la secretaría de Trabajo y Previsión, llevó adelante una política tendiente a mejorar la legislación laboral y social (vacaciones pagas, jubilaciones, tribunales de trabajo). El apoyo popular a Perón lo condujo al gobierno en las elecciones de 1946. Durante sus dos presidencias (1946-1952 y 1952-1955) Perón, que ejerció el poder limitando el accionar de la oposición y censurando a la prensa, impulsó una política que combinaba el impulso de la industria, el empleo, las comunicaciones y los transportes, con la acción social desarrollada por Eva Perón a través de la construcción de hospitales, escuelas, hogares para niños y ancianos, y ayuda económica para los más pobres.

“Revolución libertadora” (1955-1958)
En 1955 un golpe militar con amplio apoyo político y social derrocó a Perón, quien marchó al exilio. Tras el breve interregno de Lonardi, militar de corte nacionalista y católico, un nuevo golpe de comando puso al Ejército, representado por Pedro Eugenio Aramburu, y a la Marina, representada por Isaac Rojas, a la cabeza de un gobierno, cuyo objetivo medular era eliminar al peronismo de la vida nacional, apuntando fundamentalmente al movimiento obrero. El decreto 4161 y los fusilamientos de junio de 1956, máxima expresión de la reacción, se combinaron con la reforma de la constitución (1957) y la implementación de un proyecto económico liberal  ideado por Raúl Prebisch, que buscaba desmontar el modelo peronista y lograr la “estabilización” económica con el respaldo del FMI. En este marco de violenta persecución, comenzó la denominada “resistencia peronista”, que se extendió también a numerosos sectores populares no peronistas. No sin oposición interna, el régimen militar concedió una apertura electoral que creyó controlar y que dio paso al período de las democracias condicionadas encabezadas por gobiernos radicales.

Frondizi e Illia (1958-1966)

En 1958 el líder de la Unión Cívica Radical Intransigente, Arturo Frondizi, llegó al gobierno tras sellar una alianza con Perón. Sin embargo, su política desarrollista, llevada a cabo mediante la contratación de empresas extranjeras para la extracción de petróleo y la gestión de un crédito del FMI, condicionado a la implementación de medidas liberales, no tardaron en granjearle la hostilidad del peronismo. Para hacer frente a las manifestaciones de descontento, el gobierno puso en marcha el “plan Conintes”, que otorgó al Ejército la facultad de arrestar, detener e interrogar a gremialistas y opositores. Su política exterior y el triunfo del peronismo en las elecciones de 1962 precipitaron un nuevo golpe de estado. Procurando salvar la institucionalidad, asumió el presidente del Senado, el radical José María Guido, cuyo gobierno estuvo tutelado desde las filas castrenses. Las elecciones presidenciales de 1963, con proscripción del peronismo, llevaron a la presidencia a Arturo Illia, de la Unión Cívica Radical del Pueblo. La anulación de los contratos petroleros, la Ley de Medicamentos y un aumento en la inversión en salud y educación cosecharon hostilidad en el empresariado. El peronismo, especialmente su base sindical, y la prensa llevaron adelante una fuerte campaña contra el líder radical, dejando el terreno libre para que, una vez más las Fuerzas Armadas, asestaran un nuevo golpe a la democracia. El 28 de junio de 1966, Juan Carlos Onganía asumió de facto el mando del país. Contaba, una vez más, con amplio apoyo político y social.

La “Revolución argentina” (1966-1973)

El general Juan Carlos Onganía aplicó, con apoyo del FMI, un fuerte programa liberal orientado a satisfacer los intereses de los grandes grupos económicos, al tiempo que, bajo los auspicios de la Doctrina de la Seguridad Nacional impulsada por Estados Unidos, convirtió la persecución del peronismo en la del comunismo y de las guerrillas. Implantó una rígida censura, que alcanzó a toda la prensa y a todas las manifestaciones culturales, incluyendo la intervención de las universidades y la expulsión de profesores opositores, que derivó en lo que se conoce como la “fuga de cerebros”. Sin embargo, las movilizaciones estudiantiles, las insurrecciones populares (como el Cordobazo) y la organización guerrillera debilitaron al gobierno provocando un golpe interno. En junio de 1970 asumiría Roberto Levingston, de corte nacionalista, que no lograría contener las protestas populares y la actividad guerrillera. Una segunda manifestación popular en Córdoba, conocida como el “Viborazo”, dio por tierra con este nuevo gobierno. En marzo de 1971, asumió Alejandro Agustín Lanusse, quien propugnó una política conciliatoria, a través del GAN (Gran Acuerdo Nacional), permitiendo el regreso de Juan Domingo Perón y convocando a elecciones nacionales sin proscripciones para el peronismo. En marzo de 1973, el triunfo sería para los candidatos de esa fuerza, Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima.

Vuelta de Perón (1973-1976)

Entre 1973 y 1976 gobernó nuevamente el peronismo con cuatro presidentes (Cámpora, 1973; Lastiri, 1973; Perón, 1973-1974; e Isabel Perón 1974-1976), quienes intentaron retomar algunas de las medidas sociales del primer peronismo, como el impulso de la industria y la acción social, el mejoramiento de los sueldos y el control de precios. Pero los conflictos internos del movimiento peronista y la guerrilla, sumados a la crisis económica mundial de 1973, complicaron la situación, que se agravó aún más con la muerte de Perón en 1974 y la incapacidad de su sucesora, Isabel Perón, de conducir el país. Esta crisis fue aprovechada para terminar con el gobierno democrático y dar un nuevo golpe militar, que contó una vez más con un amplio respaldo civil.

Dictadura (1976-1983)

La dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 contó con el decisivo respaldo de los grandes grupos económicos nacionales y el financiamiento permanente de los grandes bancos internacionales y los organismos internacionales de crédito, como el Banco Mundial y el FMI. El saldo de su gestión fue el de miles de muertos y desaparecidos, centenares de miles de exiliados, la derrota del Ejército argentino en Malvinas, la multiplicación de la deuda externa por cinco, la destrucción de gran parte del aparato productivo nacional y la quiebra y el vaciamiento de la totalidad de las empresas públicas a causa de la corrupción de sus directivos y de la implementación de una política económica que beneficiaba a los grupos económicos locales y extranjeros.

Raúl Alfonsín (1983-1989)

El 10 de diciembre de 1983, después de casi veinte años, el radicalismo volvía al gobierno tras el triunfo de Raúl Alfonsín. Empujado por la fuerza de los organismos de derechos humanos que nacían tras la feroz represión militar, el líder radical abrió las puertas a las denuncias y a una primera investigación sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, que se reflejó en el informe de la CONADEP y que permitió que fueran juzgadas las cúpulas militares en el Juicio a las Juntas. Aunque insuficiente para algunos organismos, la política de derechos humanos de Alfonsín fue severamente atacada por amplios sectores militares, que produjeron el movimiento carapintada, los retrocesos hacia las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y el último intento guerrillero que culminó en la masacre de La Tablada. Pero lo que había cambiado sustancialmente eran las bases económicas. Con el creciente poderío de los grupos financieros y un mecanismo de endeudamiento externo incontrolable, Alfonsín cedió ante las recetas liberales y no logró reencauzar una economía desindustrializada y anémica. Con escaso apoyo social, frente a un peronismo conspirativo y con los grupos económicos en contra, la hiperinflación obligó a Alfonsín a renunciar antes de tiempo. Vendría el tiempo del “menemato”.

Carlos Menem (1989-1999)

La caída del Muro de Berlín y el fin de la era del mundo bipolar se combinaron con el avance de Estados Unidos hacia la región latinoamericana, cuya formulación más emblemática en materia económica fue el Consenso de Washington, una serie de medidas que establecían la aplicación en América Latina de un proyecto de corte neoliberal. Carlos Menem, el candidato peronista que accedió a la presidencia en 1989, procedió paradójicamente a implementar este programa, que se encontraba en las antípodas de su prédica electoral y de los postulados históricos del peronismo. La privatización de empresas estatales, como YPF, Aerolíneas Argentinas, Entel, Gas del Estado, entre otras, fue acompañada por una apertura indiscriminada del mercado a los productos y capitales extranjeros y por una política de “relaciones carnales” con los Estados Unidos. El proyecto se completó con el Plan de Convertibilidad monetaria impulsado por Domingo Cavallo y las renegociaciones de la deuda externa, que provocaron una mayor dependencia y endeudamiento. El modelo suscitó el apoyo de los sectores medios, que inicialmente se vieron beneficiados por la política monetaria y de importación. Pero pronto comenzaron a hacerse visibles los efectos devastadores en términos sociales y culturales, con una explosión de la desocupación y de la pobreza, y con la visibilidad e impunidad de la corrupción a gran escala. A ello se sumaba una política de “reconciliación” plasmada con los indultos a las cúpulas militares que implementaron el Terrorismo de Estado y también a las guerrilleras. El descontento social no se hizo esperar y algunos estallidos populares (Santiagueñazo y piqueteros en CutralCó y General Mosconi) fueron acompañados por la convergencia política de amplios sectores en lo que terminaría conformando el crítico y progresista espacio del FREPASO y la posterior moderada Alianza en 1997, que con Fernando de la Rúa a la cabeza, pondría fin al gobierno menemista en 1999, pero no al modelo neoliberal implementado.

Fuente: Síntesis de la Historia Argentina - El Historiador 

miércoles, 20 de octubre de 2021

Síntesis de la Historia Argentina (primera parte)

Síntesis de la Historia Argentina (Siglo XVI al Siglo XX)

Argentina indígena

La población del actual territorio argentino a la llegada de los españoles a principios del siglo XVI sumaba unas 330.000 personas agrupadas en una veintena de grupos étnicos.

Los habitantes del Noroeste, de las Sierras Centrales y de la Mesopotamia practicaban la agricultura, mientras que el resto del territorio estaba ocupado por grupos de cazadores-recolectores.

Las culturas más extendidas fueron los diaguitas al Noroeste, los guaraníes, los tupíes, los tobas y los guaycurúes en el Noreste, los pampas en el centro y los tehuelches, mapuches y onas en el Sur.

Conquista y colonia (1492-1776)

En 1536 Don Pedro de Mendoza fundó Santa María de los Buenos Ayres, la primera ciudad argentina. La miseria y el hambre doblegaron a Mendoza y su gente y Buenos Aires quedó despoblada hasta su segunda fundación por Juan de Garay en 1580. Las ciudades argentinas fueron fundadas por conquistadores que provenían de distintas zonas de América. La corriente pobladora del este, llegada desde España, tomó como base de operaciones la ciudad de Asunción y fundó las ciudades litorales. La que vino desde el Perú ocupó el Tucumán, como se llamaba entonces a todo el Noroeste argentino. Las ciudades cuyanas fueron fundadas por la corriente proveniente de Chile.

Virreinato (1776-1810)

Lo que hoy es la Argentina perteneció al virreinato del Perú hasta que en 1776 el rey Carlos III creó el Virreinato del Río de la Plata, cuyo primer virrey fue Pedro de Ceballos. La capital, Buenos Aires, se convirtió en un gran puerto comercial y se incrementó notablemente la exportación de cueros, tasajo y de la plata proveniente de las minas del Potosí. El sistema de monopolio impuesto por España prohibía comerciar con otro país que no fuera la propia España. Esto encarecía notablemente los productos y complicaba la exportación al tiempo que fomentaba el contrabando a gran escala.

En 1806 y 1807 se produjeron dos invasiones inglesas, que fueron rechazadas por el pueblo de Buenos Aires, alistado en milicias de criollos y españoles. En cada milicia, los jefes y oficiales fueron elegidos democráticamente por sus integrantes. Las milicias se transformaron en centros de discusión política.

Independencia (1810-1820)

Las invasiones inglesas demostraron que España estaba seriamente debilitada y que no podía ni abastecer correctamente ni defender a sus colonias.  La ocupación francesa de España por Napoleón, la captura del Rey Carlos IV y su hijo Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla decidieron a los criollos a actuar. El 25 de mayo de 1810 se formó la Primera Junta de gobierno presidida por Cornelio Saavedra, que puso fin al período virreinal. Mariano Moreno, secretario de la Junta, llevó adelante una política revolucionaria tendiente a fomentar el libre comercio y a sentar las bases para una futura independencia.

Entre 1810 y 1820 se vive un clima de gran inestabilidad política. Se suceden los gobiernos (Primera Junta (1810), Junta Grande (1811), Triunviratos (1811-1814) y el Directorio (1814-1820) que no pueden consolidar su poder y deben hacer frente a la guerra contra España. En esta lucha se destacaron Manuel Belgrano, José de San Martín, llegado al país en 1812, y Martín Miguel de Güemes. Las campañas sanmartinianas terminaron, tras liberar a Chile, con el centro del poder español de Lima.

El 9 de julio de 1816 un congreso de diputados de las Provincias Unidas proclamó la independencia y en 1819 dictó una constitución centralista que despertó el enojo de las provincias, celosas de su autonomía.

Era de Rivadavia (1820-1829)

A partir de 1819 en el país se fueron definiendo claramente dos tendencias políticas: los federales, partidarios de las autonomías provinciales, y los unitarios, partidarios del poder central de Buenos Aires. Estas disputas políticas desembocaron en una larga guerra civil cuyo primer episodio fue la batalla de Cepeda en febrero de 1820, cuando los caudillos federales de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, derrocaron al directorio. A partir de entonces, cada provincia se gobernó por su cuenta. La principal beneficiada por la situación fue  Buenos Aires, la provincia más rica, que retuvo para sí las rentas de la Aduana y los negocios del puerto.

Época de Rosas (1829-1852)

En 1829 uno de los estancieros más poderosos de la provincia, Juan Manuel de Rosas, asumió la gobernación de Buenos Aires y ejerció una enorme influencia sobre todo el país. A partir de entonces y hasta su caída en 1852, retuvo el poder en forma autoritaria, persiguiendo duramente a sus opositores y censurando a la prensa, aunque contando con el apoyo de amplios sectores del pueblo y de las clases altas porteñas. Durante el rosismo creció enormemente la actividad ganadera bonaerense, las exportaciones y algunas industrias del interior que fueron protegidas gracias a la Ley de Aduanas. Rosas se opuso a la organización nacional y a la sanción de una constitución, porque ello hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras al resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña.

Buenos Aires y la Confederación (1852-1862)

Justo José de Urquiza era gobernador de Entre Ríos, una provincia productora de ganado como Buenos Aires que se veía seriamente perjudicada por la política de Rosas, que no permitía la libre navegación de los ríos y frenaba el comercio y el desarrollo provinciales. En 1851, Urquiza se pronunció contra Rosas y formó, con ayuda brasileña, el Ejército Grande con el que derrotó definitivamente a Rosas en Caseros el 3 de febrero de 1852. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe que en mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional. Pero aunque ya no estaba Rosas, los intereses de la clase alta porteña seguían siendo los mismos y Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina dieron un golpe de estado, conocido como la «Revolución del 11 de Septiembre de 1852». A partir de entonces, el país quedó por casi diez años dividido en dos: el Estado de Buenos Aires y la Confederación (el resto de las provincias con capital en Paraná). La separación duró casi diez años, hasta que en septiembre de 1861, el líder porteño Bartolomé Mitre derrotó a Urquiza en Pavón y unificó al país bajo la tutela porteña.

Organización nacional (1862-1880)

Luego de la batalla de Pavón se sucedieron los gobiernos de Bartolomé Mitre (1862-68), Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), quienes concretaron la derrota de las oposiciones del interior, la ocupación de todo el territorio nacional y la organización institucional del país fomentando la educación, la agricultura, las comunicaciones, los transportes, la inmigración y la incorporación de la Argentina al mercado mundial como proveedora de materias primas y compradora de manufacturas.

República liberal (1880-1916)

En 1880 llegó al poder el general Julio A. Roca, quien consolidó el modelo económico agroexportador y el modelo político conservador basado en el fraude electoral y la exclusión de la mayoría de la población de la vida política. Se incrementaron notablemente las inversiones inglesas en bancos, frigoríficos y ferrocarriles y creció nuestra deuda externa. En 1890 se produjo una grave crisis financiera en la que se cristalizaron distintas oposiciones al régimen gobernante. Por el lado político, la Unión Cívica Radical luchaba por la limpieza electoral y contra la corrupción, mientras que, por el lado social, el movimiento obrero peleaba por la dignidad de los trabajadores desde los gremios socialistas y anarquistas.

La lucha radical, expresada en las revoluciones de 1893 y 1905, y el creciente descontento social, expresado por innumerables huelgas, llevaron a un sector de la clase dominante a impulsar una reforma electoral para calmar los ánimos y trasladar la discusión política de las calles al parlamento. En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña logró la sanción de la ley que lleva su nombre y que estableció el voto secreto y obligatorio.

Primeros gobiernos radicales (1916-1930)

La aplicación de la Ley Sáenz Peña hizo posible la llegada del radicalismo al gobierno. Los radicales gobernaron el país entre 1916 y 1930 bajo las presidencias de Hipólito Yrigoyen (1916-1922) (1928-1930) y Marcelo T. de Alvear (1922-1928), e impulsaron importantes cambios tendientes a la ampliación de la participación ciudadana, la democratización de la sociedad, la nacionalización del petróleo y la difusión de la enseñanza universitaria. El período no estuvo exento de conflictos sociales derivados de las graves condiciones de vida de los trabajadores. Algunas de sus protestas, como la de la Semana Trágica y la de la Patagonia, fueron duramente reprimidas con miles de trabajadores detenidos y centenares de muertos.

Fuente: Síntesis de la Historia Argentina - El Historiador

martes, 31 de diciembre de 2019

Unitarios y federales

Partidos políticos argentinos que se enfrentaron por la organización política y económica del Estado.

¿Quiénes fueron los unitarios?
Los unitarios conformaban un partido político argentino que defendía una ideología liberal centralizada en las provincias unidas del Río de La Plata.
Dicho partido tuvo vigencia desde 1816 a 1862 y estaba compuesto por la sociedad argentina de élite, es decir, por los grandes intelectuales, comerciantes y militares de la época.
Ellos defendían principalmente la centralización del poder en la provincia de Buenos Aires, la cual promovía el libre comercio como doctrina económica.

Características de los unitarios
Entre las características principales del partido unitario podemos destacar que:
•Fue creado en el año 1816.
•Su promotor fue Bernardino Rivadavia.
•Dentro de lo económico promovían el centralismo y el liberalismo.
•Defendían la creencia de que las provincias argentinas eran solo divisiones territoriales.
•Sus miembros eran de élite, por lo que no lograron persuadir a la región rural.
•En sus banderas, escudos y campañas utilizaban el color azul celeste claro y el blanco.
•Tenían prohibido usar el color rojo, ya que este representaba a sus rivales.
•Entre sus principales líderes se encontraban Lavalle, Lamadrid y Rivadavia.

¿Quiénes fueron los federales?
De la misma manera, los federales conformaban un partido político argentino que defendía el sistema federal de la República. Este buscaba la libertad y la autonomía de las provincias delegando solo ciertas funciones a un Estado central.
El impulsor de este partido fue José Artigas, quien tenía como partidarios algunas personas intelectuales pero, en su mayoría, a caudillos y personas de clase social baja, quienes defendían la idea de que cada provincia argentina debía tener su gobierno, estilo de vida y leyes.
La existencia de los federales se registra desde el año 1818 hasta el 1868 y, a pesar de las dificultades y derrotas que enfrentaron, este partido logró imponerse en la historia. Por tal razón, hoy en día Argentina es oficialmente una República Federal.

Características de los federales
Entre las características principales del partido federal podemos destacar que:
•Fue un partido político creado en el año 1818.
•Sus principales promotores fueron Artigas, Rosas, Urquiza y Quiroga.
•Dentro de lo económico promovían el proteccionismo.
•Defendían el sistema federal de la República (federalismo).
•Sus miembros pertenecían a la clase media y baja de la nación.
•En sus banderas y escudos resaltaba el color rojo.

Diferencias entre unitarios y federales
Al establecer las diferencias entre unitarios y federales, podemos resaltar las siguientes:
Unitarios: Gobierno centralizado; Conformado por la élite; Liberalismo económico; Impuestos desde Buenos Aires 
Federales: Gobierno descentralizado; Conformado por clase media y baja; Proteccionismo; Autonomía de impuestos

•Los unitarios buscaban centralizar el gobierno de las provincias en Buenos Aires; los federales querían darle autonomía a cada provincia si bien estas debían mantenerse unidas.
•Los unitarios tenían miembros de élite; los federales contaban, en su mayoría, con miembros de clase media y baja.
•Los unitarios apoyaban el liberalismo económico; los federales el proteccionismo en beneficio de cada provincia.
•Los unitarios querían que los impuestos se controlaran desde la aduana de Buenos Aires; los federales querían que cada provincia obtuviera el poder de cobrar impuestos a su manera.

Citar contenido: Unitarios y federales.
Recuperado de Enciclopedia de Historia
https://enciclopediadehistoria.com/unitarios-y-federales/

sábado, 30 de noviembre de 2019

Clorinda Sarracán y el crimen del artista italiano

Jacobo Fiorini era un italiano de una muy buena posición económica. Había llegado a Buenos Aires allá por 1829. Era pintor y se dedicaba a retratar a los más notables vecinos, entre ellos al mismísimo Juan Manuel de Rosas. Por aquellos años, ser un retratista otorgaba tanta fama y dinero como hoy en día alcanza un jugador de fútbol. Por eso no tuvo problemas, cuando ya era un hombre de más de 50 años, en arreglar el casamiento con la hija quinceañera de la destacada familia Sarracán.
 La chica se llamaba Clorinda y no tuvo elección, era casarse o casarse. Jacobo llevó a Clorinda a un campo de Santos Lugares, donde tuvieron cinco hijos.
 Pero para el año 1856, cuando Rosas ya había sido derrotado por las tropas del general Justo José de Urquiza, la vida en esa chacra muy alejada de la ciudad de Buenos Aires, ya no resultaba de lo más apacible para el famoso artista. Según cuentan los historiadores, en Santos Lugares se comentaba que la mujer, treinta años menor, engañaba a su sexagenario marido.

UN SECRETO A VOCES
 Al parecer, mantenía una relación adúltera con el capataz del campo, un gaucho llamado Crispín Gutiérrez. La peonada y las domésticas conocían con detalles las aventuras amorosas de la señora que, ese último y trágico año, había cumplido los 23.
 Había incluso quienes decían que Jacobo sabía de los engaños, pero callaba.
 Un día, precisamente el 9 de octubre de 1856, Fiorini se decidió a encarar al gaucho Crispín. Lo insultó y, quizás, le gritó que lo iba a despedir.
 Pero el retratista era ya un hombre muy mayor, que padecía reuma.
 Gutiérrez lo enfrentó y, probablemente, lo amenazó.
 El pintor tuvo tanto miedo que se subió al altillo de la casona rural y se encerró todo el día. Con la puerta trabada, se negaba a bajar porque temía una muerte segura.

EL ENGAÑO
 Ya era de noche cuando Clorinda subió las escaleras y le dijo a su marido que Crispín se había ido, que bajara tranquilo, que ella le iba a preparar la cena, como lo había hecho en los años de felicidad.
 El hombre creyó y salió de su encierro voluntario. Fue al salón principal y se recostó en un amplio sillón, mientras su mujer caminó hacia la cocina. Pero esa noche no iba a haber cena.
 Clorinda abrió la puerta y dejó entrar a su amante y al hermano de este, de nombre Remigio. En minutos, los dos le destrozaron la cabeza al retratista con una maceta y palos.
 Fue un crimen atroz.

 LAVAR CULPAS
 Clorinda, según declararían después, observó todo el ritual de muerte. Y fue ella la que dio la orden a las domésticas para que limpiaran la habitación. Mientras Crispín y su hermano arrastraron el cadáver al fondo de la casa, cavaron una fosa y lo enterraron. Ya era la madrugada del 10 de octubre.
 Por la mañana, en la tierra removida hicieron una huerta y sembraron coliflor.

LA BÚSQUEDA Y LA VERDAD
 Unos quince días después, y ante la ausencia del famoso pintor, sus amigos empezaron a buscarlo y pidieron la colaboración de la Policía.
 Fiorini era un hombre muy conocido, por lo que la noticia también fue publicada en los periódicos de la época.
 El comisario Arnaud visitó varias veces el campo pero chocó con el silencio de los peones y de la mujer. Todos dijeron lo mismo, aseguraron desconocer el destino de Jacobo.
 Pero todo cambió el 29 de octubre cuando se presentó en la hacienda el juez Miguel Navarro Viola, acompañado por un escribano, dos médicos oficiales y algunos policías. El magistrado, en una época en la que se decidía sin leyes que reglamentaran los procedimientos, cortó por lo sano: prisión para los peones, el personal doméstico y todo aquel que entraba al campo hasta que alguien contara algo.
  Fue Crispín, quien creyó que lo iban a perdonar si colaboraba, el que contó todo lo que había sucedido, con lujo de detalles.
 El juez lo primero que ordenó fue que sacaran el cadáver del artista de la fosa y le dieran cristiana sepultura, lo que se hizo en ese mismo momento.
 Después, se llevó detenidos a Clorinda, Crispín y una doméstica.
 Remigio, el hermano del capataz, logró escapar, aunque sería atrapado un mes después en el pueblo de Mercedes.

 UNA "BOMBA"
 El crimen con ribetes pasionales y la detención de Clorinda Sarracán cayó como una bomba en la Buenos Aires de entonces. La mayoría pedía una pena ejemplar para que semejante asesinato tuviese el escarmiento necesario.
Así fue como se realizó el juicio oral y público.
La audiencia pública se celebró el 19 y 21 de noviembre de 1856 y estuvo a cargo del juez Navarro Viola, quien fue el mismo que realizó el procedimiento en la hacienda el día que encontraron el cuerpo y el que ordenó los arrestos. Clorinda no miró a nadie cuando entró en la sala de audiencias; Crispín se sentó cerca, pero ambos se ignoraron.
La defensa de la mujer estuvo a cargo de Carlos Tejedor quien, años más tarde, sería el autor del Código Penal Argentino.
Tejedor no discutió los hechos y apeló a un golpe de efecto. Reveló un secreto atroz: que Fiorini además de ser el marido también era el padre de su cliente, fruto de una relación ilícita con la madre de la acusada. La declaración causó conmoción entre los presentes en el juicio, aunque nunca llegó a confirmarse.
Semejante revelación no pudo evitar que el magistrado los encontrara culpables y, sin mayores rodeos, los condenara a la pena de muerte. El 4 de diciembre, Sarracán y su amante Crispín Gutiérrez debían ser fusilados contra el muro del Fuerte, en la Plaza de Mayo, y sus cadáveres, conforme la ley vigente, colgados durante doce horas de horcas erigidas en la misma plaza.
El hermano de Crispín, Remigio, recibió solo una condena de 3 años ya que el magistrado consideró que él solo había ayudado a esconder el cuerpo.

UNA ESTRATEGIA MÁS
 El doctor Tejedor sacó "un as de la manga", y dijo que la ejecución debía postergarse porque Clorinda estaba embarazada, lo que al parecer no era cierto, pero logró el efecto deseado.
 La sociedad, de inmediato, se opuso a la ejecución de la mujer.
 Muchos recordaban lo que había ocurrido unos ocho años antes: el fusilamiento de la niña Camila O'Gorman por su amor prohibido con un sacerdote. No podía tener esta historia el mismo final que tuvo aquella, en medio del gobierno rosista.
 Durante esos meses, la Sociedad de Beneficencia, especialmente Mariquita Sánchez viuda del embajador Thompson, organizaron un petitorio con miles de firmas para que se perdonara a Clorinda. Llegaron a obtener 7.000 firmas lo cual representaba casi el 10% de la población de 90.000 habitantes de Buenos Aires de ese entonces.
El 28 de septiembre de 1857 se promulgó la ley que permitía la conmutación de las penas.

NI HORCA NI CÁRCEL: LIBRE
 Y el juez  utilizó dicha ley para condenar a Clorinda a diez años de cárcel y la envió a una celda en la Comandancia de la Policía.
 Unos meses después el gobernador Castro la dejó libre por su comportamiento ejemplar.
Desde que abandonó la cárcel, nunca más se supo de ella.
Clorinda Sarracán fue quizás la última mujer en haber recibido legalmente una sentencia de muerte en Argentina, la cual posteriormente sería abolida en el país. Ella probablemente murió en algún momento entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras tres décadas del siglo XX. Ya que para 1930 rondaría los 100 años de edad.

miércoles, 31 de julio de 2019

Revolución del 8 de Octubre de 1812

Se conoce como Revolución del 8 de Octubre de 1812 a la revolución organizada por la Logia Lautaro que destituyó al Primer Triunvirato, reemplazándolo por el Segundo Triunvirato.
La causa fue el excesivo centralismo y las malas decisiones tomadas. El Cuerpo de Granaderos a Caballo, bajo las órdenes de San Martín, desempeñó un papel importante en la Revolución del 8 de octubre.

Causas y antecedentes
El desprestigio del Primer Triunvirato era público hacia mediados de 1812. La oposición, dirigida por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica, criticaba el excesivo centralismo del gobierno influenciado por Bernardino Rivadavia, el secretario de guerra. Los miembros del gobierno también eran acusados de querer perpetuarse en el poder al demorar la convocatoria de un congreso general.
Presionado por la oposición, el Primer Triunvirato finalmente convocó a los cabildos del interior para que enviasen representantes a una nueva asamblea. Pero el gobierno cometió otro error al disponer que el Cabildo de Buenos Aires debía examinar los poderes de los representantes del interior y decidir sobre su aceptación o no. Mendoza eligió a Monteagudo, residente en Buenos Aires y candidato de la Logia. El Cabildo rechazó la designación de Monteagudo como representante. También fueron rechazados los representantes de Salta y Jujuy.

Revolución del 8 de Octubre de 1812
El 5 de octubre llegó a Buenos Aires la noticia de la victoria de Manuel Belgrano en Tucumán. Sin embargo, el triunfo benefició a la oposición, por cuanto era público que el vencedor había desobedecido órdenes expresas del Triunvirato.
El 6 de octubre se reunió la asamblea electoral y designó en el Triunvirato, en reemplazo de Sarratea que había cesado al doctor Pedro Medrano, quien era el candidato apoyado por Rivadavia. Ante esta designación centralista, los opositores mostraron su indignación y el descontento se propagó.
Ante el curso de los sucesos los integrantes de la Logia Lautaro organizaron una revolución. En la mañana del 8 de octubre se presentaron en la plaza de la Victoria el Cuerpo de Granaderos a Caballo, comandado por San Martín, el Regimiento Nº 2, a las órdenes de Ortiz de Ocampo, y la artillería del comandante Manuel Pinto. Acompañaban a las tropas numeroso público.
Los revolucionarios convocaron un Cabildo abierto y entregaron un petitorio donde exigían que en el acto se suspendiese la Asamblea y cesara el gobierno en sus funciones. El alzamiento revolucionario, producido en octubre de 1812, exigió la convocatoria de una Asamblea Constituyente para la elección de un nuevo Triunvirato.
El Cabildo accedió a lo solicitado y nombró para ejercer un nuevo gobierno provisional, hasta la reunión de la Asamblea, a Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña, y Antonio Álvarez Jonte. Este Segundo Triunvirato gobernó con acierto y orientó el país de acuerdo con los propósitos de la Logia Lautaro, que eran independencia y constitución.
Por decisión del Cabildo del 8 de octubre de 1812, ordenaron el arresto de Bernardino Rivadavia y lo obligaron a alejarse de la capital. También a Juan Martín de Pueyrredón se le ordenó retirarse a San Luis y el periodista Vicente Pazos Silva, quien era rival de Bernardo de Monteagudo, fue detenido y desterrado. Después de constituirse la asamblea general Rivadavia y Pueyrredón serían juzgados.